Vaieshev. Los hermanos sean unidos.
Casi al final del largo poema gauchesco que escribiera José Hernandez, aparece una de las frases más poderosas:
«Los hermanos sean unidos, porque ésa es la ley primera, tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera»
Este texto podría transformarse en un manual de vida familiar, basado en la observación de la vida misma, y también una mirada sobre las naciones.
Cuando no hay unidad interior, los enemigos aprovechan la vulnerabilidad para atacar.
Este argumento, inclusive se esgrime por unos y por otros del espectro político en Israel sobre las causas del 7 de octubre del 2023.
Lo cierto, es que, si bien todos sabemos la importancia de la unidad entre los hermanos, en la práctica esa unidad se vuelve difícil y, para algunos, imposible.
Personalidades distintas, preferencias de los padres, celos, talentos diferentes, muchas veces interfieren en la relación de hermanos.
Esta es una de las líneas para estudiar la Torá.
Desde los primeros hermanos Kain y Avel, Itzjak e Ishmael, Esav y Iakov, y ahora Iosef y sus hermanos.
La Torá pone una lupa al vínculo fraternal, ya que es fundamental para la continuidad de la familia y del pueblo.
En nuestra parashá, después de enemistarse con sus hermanos, Iosef, es un joven arrogante que no duda en contar sus sueños donde él es el centro, amo y señor en los mismos. Luego de que su padre lo distingue del resto de sus hermanos con una vestimenta que denota autoridad, y aun cuando se dedicaba a marcar diferencia con los hijos de las concubinas, y traer chismes, Iosef intenta el encuentro.
El Rab Edery ZTL nos enseña:
A MIS HERMANOS YO ESTOY BUSCANDO…
” Aquí vemos la grandeza de Iosef. Sus hermanos se alejan cada vez más de él. El sigue acercándose cada vez más a ellos. Para él siguen siendo sus hermanos.
Un hermano no puede responder al odio con más odio. Un hermano debe seguir siempre en pos de sus hermanos, a pesar de ellos en nuestro caso.
La Torá nos describe las faltas de Iosef, y también las de sus hermanos, que terminan con la venta de Iosef como esclavo a Mitzraim.
En una mirada más amplia, la Torá nos dice, la naturaleza de los hermanos es confrontar, así se individualiza cada uno, aunque debe llegar el momento del reencuentro, más maduros y sin la interferencia de la generación anterior.
Iosef y sus hermanos al final son una historia de hermandad, pero para eso tendrán que pasar algunas secciones más de la Torá.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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