Shabat VAERÁ – Viernes 16 enero / 27 Tevet: Velas: 20:37 hs.

SHABAT SHUVÁ

Una palabra también es una ofrenda a lo Divino y a lo Humano.

Este Shabat es conocido como “Shabat Shuvá”, por las palabras que dan inicio a la Haftará que leemos en él, donde el profeta Oseas clama: “Retorna, Israel, al Eterno tu Dios, porque tropezaste en tu iniquidad. Tomen con ustedes sus palabras y retornen al Eterno. Digan: Perdona toda iniquidad, acepta lo que es bueno y te ofreceremos por korban (Lit. Toros) la ofrenda de nuestros labios”.

Las palabras de Oseas son muy resonantes, no solo por su invitación franca y frontal a que hagamos teshuvá, sino porque dejan de lado los ritualismos vacíos y las ofrendas habituales de la Antigüedad, hechas con animales o cereales, e incorporan una noción revolucionaria en el mundo del antiguo Israel: “La ofrenda de nuestros labios”. Es lo que conocemos como la ofrenda del corazón, aquella que podemos llevar adelante con nuestras palabras. El versículo nos exhorta a pedir perdón por nuestras faltas y a suplicar a Dios que acepte para bien esta ofrenda de nuestras bocas.

En este sentido, Ibn Ezra, exégeta judío español del siglo XI–XII, explica sobre este versículo que la expresión “tomen con ustedes sus palabras (…) y acepta lo que es bueno (le pide a Dios)” implica que, cuando buscamos el favor divino, no debemos llevar riquezas ni sacrificios, sino simplemente nuestras palabras. Y, según Ibn Ezra, esas palabras no significan otra cosa que arrepentimiento.

Aquí me quiero detener. Tal vez deberíamos cambiar la palabra “arrepentimiento” por la palabra teshuvá, un término complejo y con muchas acepciones. Es justamente por eso que las palabras del profeta Oseas, aún hoy, en estos días de teshuvá, introspección y reflexión, deben llevarnos a pensar en el sentido más profundo de su mensaje cuando dice “Shuvá Israel”. No dice “Hitjaret Israel”, que sería la forma de decir “Arrepiéntete, Israel”,  sino que nos llama a hacer teshuvá.

Y ese llamado no es más que una invitación a reflexionar sobre dónde estuvimos durante el año que pasó, a reconocer dónde no queremos volver a estar y hacia dónde queremos dirigirnos en el nuevo año que comienza. Qué queremos hacer con nuestras vidas, con nuestros deseos y con nuestros vínculos. Oseas nos invita a usar la palabra, a no creer que solamente ayunando vamos a limpiar nuestras transgresiones. Si bien la voz profética clama a Dios, nuestro deber es también clamar a Dios sin olvidar lo que enseñan nuestros sabios en la Mishná: “Las transgresiones entre la persona y Dios, Iom Kipur las expía; pero las transgresiones entre una persona y su semejante, Iom Kipur no las expía hasta que uno haya sosegado a su semejante” (Yomá 8:9).

En estos días de teshuvá, en estos días de profunda reflexión, es un buen ejercicio recordar las palabras de Oseas y hacer teshuvá utilizando nuestras palabras. No solo para hacer tefilá y clamar al cielo en busca de expiación, sino también para hablar con aquellos a quienes hemos dañado, incluyéndonos a nosotros mismos, para apaciguarlos y apaciguarnos, hacernos conscientes de que no volveremos a fallarles ni a fallarnos.

Y finalmente, como dice Isaías: “Vengan, pongámonos de acuerdo, dice Dios. Aunque sus pecados sean como el carmesí, pueden volverse blancos como la nieve; aunque sean rojos como la lana teñida, pueden quedar como la lana pura” (Isaías 1:18).

Jatimá Tová
Shabat Shalom
Rab Martin Pussetto

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