Shabat Jukat Balak – Viernes 26 junio / 11 tamuz: Velas: 17:26 hs.

Shavuot. Zman Matán Torateinu. El tiempo de entrega de nuestra Torá.

La noche de Shavuot se acostumbra a permanecer despiertos estudiando, lo que se conoce como Tikun Leil Shavuot. El mismo nombre tiene un libro fascinante que contiene algunos versículos de cada sección de la Torá y una selección de párrafos de la literatura judía principal, Tanaj, Mishná, Talmud, etc.

Esa noche se lee el libro completo, como ejercicio para recibir nuevamente la Torá.

Para mi, este tema es desafiante.

Durante muchos años tomé el tema de la revelación de diferentes autores como mi Shiur del Tikun, a lo largo de los años, el material recopilado me ha sorprendido y ha enriquecido mi mirada sobre el tema.

La Torá revelada en el Sinaí es uno de nuestros principios fundamentales, ahora bien ¿qué quiere decir eso?

¿Ds dictó palabra por palabra?¿Ds inspiró? ¿El hombre escribió un documento que dio cuenta del encuentro?¿Ds se reveló y reveló su voluntad, y el pueblo de Israel plasmó eso en la Torá como Midrash, interpretación de la revelación?

Cada una de estas preguntas está apoyada por otra escuela de pensamiento.

Todo autor importante se refiere a eso, desde Rambam hasta Heschel, desde Saadia hasta Kaplan, desde Iben Ezra hasta Buber.

Cada uno con su mirada, todos afirmando el lugar central que tiene la Torá en la vida, en el sentido y en el destino de la existencia judía.

Este es nuestro tiempo de recibir la Torá, no solo en Shavuot, sino en nuestra vida. La Torá es como un manantial que trae agua fresca y clara para quienes se animan a disfrutarla.

Requiere esfuerzo, no siempre es fácil, claro y grato lo que leemos, aunque después de profundizar, luchando a veces, y otras permitiéndonos ingresar en la misma, salimos renovados y transformados, con una mirada nuestra sobre la vida y sobre la Torá.

Para dar cuenta del poder de ese instante que impacta hasta hoy nuestra vida, dejo algunas líneas de A.J.Heschel para poder seguir pensando juntos.

Nunca más fuimos los mismos desde el día en que la voz  de Dios nos arrebató en Sinaí. Ya nunca nos será posible retrotraernos a una era anterior al suceso sinaítico. Algo sin precedentes ocurrió entonces. Dios nos reveló Su nombre, y por Su nombre se nos llama. “Todos los pueblos de la tierra verán que el nombre del Señor fue invocado sobre ti” (Deuteronomio 28:10). Hay dos nombres hebreos para designar al judío: Iehudí, cuyas tres primeras letras son las tres primeras letras del Nombre Inefable, e Israel, cuya última sílaba, el, significa Dios en hebreo. 

La forma más segura de malentender la revelación es tomarla literalmente, imaginar que Dios habló al profeta por un teléfono de larga distancia. Sin embargo, casi todos nosotros sucumbimos a esa fantasía, olvidando que el pecado capital en la indagación de las cuestiones últimas es el enfoque literal. 

Numerosas palabras cumplen a la vez la función descriptiva y la indicativa. Para el capitán de un barco las palabras “viento” y “alba” poseen significados definidos: una masa de aire en movimiento desde una determinada dirección y a una determinada velocidad; un momento definible por medio del reloj. Pero cuando leemos en un poema acerca del “viento que suspira antes del alba”, ¿tratamos acaso de

determinar el momento exacto en el que piensa el poeta? ¿Preguntamos acaso cuál era la dirección o la velocidad del viento? No hay duda, sin embargo, de que el viento y el alba del poeta son los mismos del capitán. El poeta se refiere a otro aspecto del mismo fenómeno.

Cualesquiera sean los hechos concretos que denotan, lo que sin lugar a equívocos comunican a la mente es la verdad fundamental de que Dios estaba oculto aun cuando reveló, que aun cuando Su voz se tornó manifiesta, Su presencia permaneció oculta.

En las palabras divinas que por vez primera anunciaron a Moisés que la impar teofanía de Sinaí estaba por ocurrir ante los ojos de todo el pueblo, encontramos una frase singular, una frase que no aparece en ningún otro lugar de la Biblia y que expresa cómo fue la teofanía: “He aquí que yo vengo a ti en la espesura de una nube” (Éxodo 19:9).

Fue en la parte más oscura y más oculta de una nube; o en un ocultamiento más profundo que aquel que conociera el mismo Moisés, donde ocurrió la teofanía de Sinaí.

 

Te invito a leer y releer estos textos y volver a acercarte a la Torá con esta mirada fresca.

 

Shabat Shalom, Jag Saemaj

Rab Alejandro S. Bloch

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