Shabat ITRO – Viernes 06 febrero / 19 Shevat: Velas: 20:25 hs.

Miketz. Más y más sueños.

Desde el sueño de Iakov, los sueños se transforman en la Torá como el vehículo de la revelación divina.

Esto toma aún más fuerza en la historia de Iosef. El sueña 2 sueños, los servidores del Faraón sueñan un sueño cada uno, el Faraón sueña un sueño doble.

Maimónides es más extremo, dice que en todo lugar en la Torá donde se habla de ángeles, estamos hablando de un sueño.

El tratado de Berajot, del talmud de Babilonia, dedica varias páginas a la interpretación de los sueños, llegando a decir, que un sueño no interpretado es como una carta no leída.

Hay un mensaje, que queda oculto hasta que alguien lo lea, es parecido a la famosa pregunta filosófica: ¿si un árbol cae en el bosque, y nadie lo escucha, hace o no hace ruido?

El ruido en esta pregunta no es algo en sí mismo, sino algo que tiene relación con el oyente. Lo mismo con la carta, y a la vez, con el sueño. El sueño se transforma en algo de valor al ser procesado, interpretado, al haber reflexionado en él.

En el mismo tratado también se sostiene que “Todos los sueños corren detrás de la Boca”, o sea, toman sentido al interpretarlos, al organizarlos, y, en definitiva, quien sueña es el mismo que le da sentido.

Eso se ve en los dos servidores del Faraón, ya que la Torá dice que cada uno soñó el sueño y la interpretación misma, y en cuanto al Faraón, no era muy difícil entender qué le preocupaba, solo que Iosef le propuso una solución.

El Rab Edery ZTL profundiza sobre este episodio en la introducción a nuestra parashá:

INTRODUCCIÓN: “Como esclavo fue vendido Iosef; afligieron con grilletes su pie, en cepo férreo lo pusieron, hasta el tiempo de cumplirse su palabra, el verbo de Adonai lo purificó. Él envió un rey que lo libró, Gobernador de pueblos, que lo desligó. Lo nombró Señor de su casa, gobernador de toda su riqueza. Para que instruyera a sus ministros con su sabiduría y a sus ancianos hizo saber”. — (Salmos 105:17-22) Con estas palabras el poeta, que está haciendo una revisión sintética de la historia de Israel, describe la vida y el ascenso de Iosef hasta la corte real. Es importante destacar que el poeta no menciona a Iosef como intérprete de sueños, sino como hombre sabio que instruye a los consejeros del reino en Egipto. El poeta nos revela, también, que Iosef estuvo en prisión hasta que la Voluntad Rectora de D’s lo libera y lo conduce hasta el mismo palacio del Faraón.

En nuestra opinión éstos son los aspectos determinantes de nuestro capítulo, al fin y al cabo, la credulidad del Faraón ante la interpretación de Iosef, llamará nuestra atención, ya que lo prudente sería, por parte del Faraón, esperar y ver si las interpretaciones de Iosef se cumplen, antes de nombrarlo persona de tanta jerarquía en el reino. Por lo tanto, lo que parece sorprender al Faraón son las palabras de Iosef, después de la interpretación del sueño, que figuran en nuestro capítulo, entre los versículos 33 y 36.

La prueba para esta afirmación son las mismas palabras del Faraón, que dice, después de escuchar los consejos de Iosef: “… ¿Acaso habremos de hallar — como éste — un hombre en el cual el espíritu de Elohim está en él?” (Versículo 38). — “…Dijo Parhó a Iosef: Después que hizo conocer Elohim a ti todo esto, no hay inteligente y sabio como tú” (Versículo 39).

Es por su inteligencia que Iosef puede deslumbrar al Faraón, rey de un país, a la sazón, amante de la sapiencia.

La próxima vez que recuerdes un sueño, será una excelente oportunidad para profundizar en los aspectos de nuestra vida que a veces no visualizamos.

Shabat Shalom

Rab Alejandro S. Bloch

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