Matot Masei
Este Shabat terminaremos el libro de Bemidbar, y de alguna manera toda la Torá.
Leeremos dos secciones. La segunda narra los 42 lugares donde acampó el pueblo de Israel en 40 años.
Pensándolo de ese modo, los comentaristas sostienen que la lista que aparece en la Torá es para afirmar que no fueron demasiados viajes, sino que la misericordia de Ds los acompañó a pesar del castigo, para que no sea un viaje que los destruyese.
Los maestros del Jasidismo nos enseñan que los nombres de los lugares donde se detuvieron los hijos de Israel son simbólicos, y representan 42 elementos que debían aprender para poder llegar a la tierra de Israel.
El Rab Edery hace un extenso comentario en el que nos ilumina sobre otros aspectos de este mismo tema que agregamos a continuación solo en forma parcial.
«Estos son los movimientos de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus huestes, por mano de Moshéh y Aharón.»
Versículo 1: “ESTOS SON LOS MOVIMIENTOS DE LOS HIJOS DE ISRAEL…”
“El relato minucioso de los desplazamientos de los hijos de Israel por el desierto nos recuerda las bondades de D’s. A pesar de haber decretado El que el pueblo vagaría por el desierto cuarenta años, solamente hubieron de desplazarse en cuarenta y dos oportunidades durante todo este período…” (Rabbenu Bejayé Ben Asher).
Este comentario nos abre la puerta a las variadas interpretaciones de nuestros sabios para explicar la repetición, aparentemente “innecesaria”, que hace la Torá con respecto a estos desplazamientos.
Maimónides, en su libro “Guía de los Perplejos”, Parte III, Capitulo 50, dice literalmente: ‘Por consiguiente, cuando hayas de ver relatos en la parte no legislativa de la Torá, te parecerá, en ocasiones, que tal o cual no era necesario incluirlo, o que contiene amplificaciones o repeticiones; la razón es que tú no has sido testigo de los pormenores que motivan la mención de tales detalles. Así ocurre con la nómina de los desplazamientos del pueblo de Israel por el desierto (Números 33)-A primera vista, pudiera parecer que se ha relatado una cosa completamente inútil, y es para anular esa idea errónea que pudiera concebirse, que la Torá dice: Inscribió Moshé sus partidas para sus movimientos, por Mandato de Adonai… (Números 33:2).
Esto es de imperiosa necesidad, pues todos los milagros son ciertos para quien los presencia en cambio, para la posteridad se convierten en simples relatos y para quien los escucha es fácil desmentirlos. Sabemos que es imposible e inimaginable que un milagro se mantenga firme y constatable por todos los hombres en el transcurso de todas las generaciones. Pues bien, uno de los grandes portentos referidos por la Torá, es la permanencia de Israel durante cuarenta años en el desierto, en el que hallaron el “man”, todos los días. Como afirma la Escritura, en ese desierto había: “serpientes abran- doras y escorpiones, aridez y falta de agua…” (Deuteronomio 8:15). Eran parajes muy alejados de países poblados, inapropiados para la naturaleza del hombre: “…No es lugar de siembra ni higuera ni vid ni granada; ni siquiera agua hay para beber…” (Números 20:5). El Tanáj también llama a esos lugares: “…Una tierra por donde no ha transitado hombre alguno, ni ha habitado en ella persona alguna”. (Jeremías 2:6).
Durante la travesía por el desierto: “..Pan no habéis comido, ni vino ni licor habéis bebido” (Deuteronomio 29:5). Todos estos son portentos grandes, manifiestos y visibles; y como D’s.
Altísimo sabía que en un futuro se podría dudar de ellos – como se duda de los demás relatos – pensándose que Israel había permanecido en un desierto cercano a algún lugar habitado, donde el hombre puede sobrevivir. Semejante a esos desiertos que hoy habitan los árabes, o parajes en los que se puede labrar y cosechar, o alimentarse con cierto tipo de plantas o que era propio de la naturaleza del “man” caer en tales lugares permanentemente, o que en ellos había pozos de agua. Por eso, borró todos estos pensamientos y reforzó el tema de todos los portentos, al esclarecer la Torá cómo fueron los desplazamientos de Israel por el desierto, para que las generaciones futuras puedan reconocer la grandeza del milagro, por el cual seres humanos deambularon por aquellos parajes durante cuarenta años.
Por la misma razón Iehoshúa declaró anatema permanente contra aquél que reconstruye la ciudad de Ierijó Iehoshúa 6:26), para que el portento quede firme y permanente para todo aquél que viera aquella muralla hundida en la tierra. Quedará claro que no se trataba de una edificación destruida, sino de una muralla hundida en la tierra por un Portento.
Maimónides demuestra su sabiduría escribiendo hace casi mil años con una conciencia histórica fenomenal.
El paso del tiempo hace que las cosas que fueron milagrosas e impactantes en su momento, resulten normales.
Que estén todos los detalles en la Torá es para que las generaciones futuras también sientan lo milagroso que fue.
Medinat Israel para esta generación es un dato de la realidad, pero cuando hablamos con generaciones que vivieron antes de la creación del estado, expresan la importancia de su existencia de un modo muy similar a lo que dice Rambam.
Te invito a conversar con alguien de edad avanzada para que comparta su experiencia.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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