Koraj. Una protesta tras otra.
Después de la revuelta de Koraj, el pueblo sigue inquieto, temeroso, crispado hasta el punto del linchamiento. Ds decide expresar su elección a la casa de Aaron por medio de una señal:
Habló Adon-ai a Moshéh diciendo: Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara -una vara por cada tribu- de todos sus jefes, de sus prosapias, doce varas; y a cada hombre su nombre habrás de escribir sobre su vara. Mas el nombre de Aarón habrás de escribir sobre la vara de Leví, ya Que es una tribu, para el jefe de sus prosapias.». Y deposítalas en la Tienda de Reunión, delante del Testimonio, ya que allí Me reuniré con vosotros. y ocurrirá que el hombre que Yo elija, su vara florecerá; haré amainar las quejas de los hijos de Israel contra Mí. Ya que ellos se quejan contra vosotros». Habló Moshé a los hijos de Israel, y le dieron a él, todos sus jefes, una vara por cada jefe, una vara por cada jefe de sus tribus, doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Depositó Moshé las varas ante Adonai, en la Tienda del Testimonio. Ocurrió que el día siguiente, vino Moshé a la Tienda del Testimonio, y he aquí que había florecido la vara de Aharón, por la casa de Leví; sacó flor, echó brote e hizo crecer almendras. Sacó Moshéh todas las varas de ante Adon-ai, para todos los hijos de Israel, ellos lo vieron y tomó cada hombre su vara. Dijo Adon-ai a Moshé: «Devuelve la vara de Aharón delante del Testimonio, como resguardo y signo para los hijos de la rebeldía, y que concluya su queja contra Mí, para que no mueran». Hizo Moshe como le había prescripto Adon-ai a el, así hizo.
Ya habíamos hablado de la vara de Moshé, que utilizó frente al Faraón, frente al Mar, etc.
Ahora vemos que también la Vara de Arón representa más que un bastón para caminar firme en el desierto.
La Vara de Arón forma parte de un conjunto de tres elementos que serán guardados en el Mishkan, y luego en el Beit Hamikdash por generaciones.
Un cántaro de un Omer de Man (maná). Las tablas de la Ley (y los fragmentos rotos de las primeras tablas) y por último la Vara de Arón.
Tres elementos que narran una historia y dan testimonio de la experiencia de atravesar el desierto.
El Man, la comida celestial, la vara de Aron, la autoridad y el florecimiento de Israel, y las tablas, la palabra revelada de Ds al hombre, la voluntad divina.
Tres marcas del camino, la revelación, la necesidad de alimento espiritual, y la guía y autoridad.
Tres elementos que quedaron en custodia hasta la destrucción del templo.
Tres señales indispensables, no para el pasado, sino para la vida, para el deambular, por todo desierto, en toda travesía, sin importar la geografía ni la circunstancia.
Estos tres objetos son como una brújula para no perder el norte, saber quiénes somos con la revelación y las tablas, saber que el ser humano siempre aspira al encuentro con lo trascendente, y que, para lograr ambos objetivos se necesita un guía.
¿Cuál es hoy nuestro Man (maná)?
¿La Tefilá? ¿El arte? ¿Contemplar la naturaleza? ¿Nos animamos a alimentar nuestra espiritualidad?
¿Cuál es el fragmento de la revelación que más significado nos proporciona?
¿Lo racional de nuestro pueblo? ¿Lo místico? ¿Ambos? ¿La Tora en su lectura simple? ¿Dedicamos tiempo para explorar nuestra increíble tradición?
¿Cuál es nuestra guía? ¿Nuestra autoridad? ¿O pensamos que somos autosuficientes, que somos la medida de todas las cosas?
Las tres cosas estaban guardadas para las generaciones en la certeza que siempre y cada uno de nosotros las necesitaremos. A veces una más que otra, otras veces serán diferentes nuestra prioridades y necesidades.
Tratemos de encontrarlas.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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