Ki tavo. En resumen.
A veces nos toca que nos enfrascamos en historias largas con vericuetos, con idas y venidas, con dimes y diretes, y nos perdemos la esencia de todo.
Moshe habla durante muchos capítulos, ya casi está terminando su largo discurso que abarca casi todo el libro de Devarim, y de vez en cuando hace una pausa para resumir, para que quien lo escucha no se pierda en el relato, y reciba el mensaje claro, de esa manera se puede tomar conciencia no solo de lo vivido, sino del significado de lo vivido.
Convocó Moshé a todo Israel y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que ha hecho Adon-ai, ante vuestros ojos, en tierra de Egipto, a Paró y a todo su país.
Las pruebas grandes -que han visto tus ojos- los signos y los portentos magnos aquellos.
Empero no había dado Adon-ai a vosotros: corazón para percibir y ojos para ver y oídos para oír, hasta el día de hoy.
Os conduje a vosotros, cuarenta años, por el desierto. No se han envejecido vuestras vestimentas sobre vosotros, ni tu sandalia se ha envejecido sobre tu pie.
Pan no habéis comido: ni vino ni licor habéis bebido; para que hayáis de saber que Yo Soy Adon-ai, vuestro D´s.
La libertad, la travesía, los milagros, las batallas, la comida, etc, en resumen, todo eso ha sido para tomar conciencia de la existencia de algo que no podemos conocer completamente, como dice RAMBAM, que es el fundamento de toda la realidad.
Nosotros, que no experimentamos esos milagros, esas experiencias ¿cómo nos damos cuenta de la presencia Divina?
Rambam nos lo enseña en el Mishne Tora de un modo bello y simple, con la idea de dos experiencias que todos tenemos en la vida, en hebreo Ahava e Irha, el amor y la reverencia.
El amor nos hace acercarnos a algo, desear estar unidos a eso, sentir paz.
La reverencia nos hace sentir frágiles, vulnerables .
Ambas experiencias se balancean y nos permiten transitar la vida con equilibrio.
Rambam dice que cuando vemos lo que nos rodea, la naturaleza, nos sentimos pequeños frente a la belleza, lo majestuoso, lo imponente, y sentimos reverencia por el creador.
Y cuando reflexionamos un poco más frente a ese escenario, dice Rambam, sentimos apego, sentimos un vínculo profundo, y sentimos amor.
La próxima vez que salgas a la calle, o mires por la ventana, o tomes un avión, a subas a la montaña, o veas el mar, o tengas a tu hijo o nieto en brazos, cuando escuches el murmullo del viento entre los árboles, un atardecer con infinitos colores, una canción bella, en resumen, cuando estés consciente del instante que estás viviendo y de lo que te rodea, pensá que esas experiencias te invitan a reconocer al CREADOR, con reverencia y amor.
Rab Alejandro S. Bloch
Shabat Shalom
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