Ekev. ¿qué espera Ds de nosotros?
¿Qué pregunta, cierto?
¿Acaso podríamos responder de manera sencilla y taxativa?
Las religiones hablan de un concepto que es IMITATIO DEI; imitar las acciones divinas.
En la tradición judía se traduce así: como Él es misericordioso, tú debes ser misericordioso, así como Él viste al desnudo (Adam), tú debes vestir al desnudo, así como visita al enfermo (Abraham), tú debes visitar al enfermo, y así.
De este modo, la pregunta no es tan difícil. Hay que imitar las acciones bondadosas de Ds para con el hombre, y de ese modo transformar nuestro mundo.
En nuestra Parashá aparece una respuesta más profunda:
Y ahora, Israel: ¿Qué es lo que Adon-ai tu D’s. demanda de ti? Sino que: venerar a Adon-ai tu D’s., encaminarte por todas Sus Sendas, y amarlo, y servir a Adon-ai tu D’s., con todo tu corazón y con todo tu ser
En este texto hay muchos ecos de otros textos de la Torá y del Tanaj mismo.
En la parashá pasada leimos el Shemá, que justamente dice Ama a Ds con todo el corazón y con todo el Ser.
El rab Edery ZTL en bellos comentarios nos hace el siguiente aporte:
Este versículo enuncia la esencia misma de la Toráh y la finalidad última de nuestras acciones ante D’s. ¿Cómo deberemos entender los conceptos “veneración” y “amor” a D’s?.
Según Najmánides, la veneración a D’s. consiste en no cometer transgresiones, cuidando las
mitsvot “lo tahase”, mientras que el amor a D’s. se expresa mediante acciones y actitudes de Su agrado, cumpliendo las mitsvot “hase”.
En otras palabras, el cumplimiento de todos los preceptos de la Toráh surtirá el efecto deseado,
culminando con el logro de los conceptos de nuestro versículo.
Distinto camino transitan los comentaristas Abarbanel y Rabbí Itsjak Harama, quienes opinan que la veneración es la conciencia que debe tener cada cual de estar permanentemente
circundado por la Presencia de D’s., absteniéndose por ello de hacer el mal. Esta idea ha sido
expresada en forma sublime por el salmista: “Antepongo a Adonai ante mí, siempre…” (Salmos 16:8).
Esta veneración es fuente de felicidad para la persona que la posee, encaminando por la
Senda de D’s. para cumplir con Sus preceptos. “Feliz es el hombre que venera a Adonai: Sus Preceptos desea mucho” (Salmos 112:1).
Por un lado, amar a Ds es cumplir sus preceptos, y por otro, tener conciencia de su presencia constante.
No es casual que el Baal Shem Tov sostiene que debemos llegar al grado de SHIVITI, la enseñanza del salmo 16, Antepongo a Adonai ante mí, siempre.
En muchas sinagogas, en el Amud, el lugar desde donde se dice la Tefilá, hay un cuadro que sirve para meditar en ese concepto, muchas veces acompañado del salmo 67, como el dibujo que les dejo a continuación.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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