Shabat Shlaj Leja – Viernes 12 junio / 27 sivan: Velas: 17:23 hs.

Bamidbar. ¿Números?¿En el desierto? O ¿Números en el desierto?

En la tradición judía el libro se conoce con dos nombres: Bemidbar, en el desierto, ya que todo el libro transcurre con el desierto como fondo, o Sefer HaPikudim, el libro de las cuentas, ya que en varias oportunidades se hacen censos de los hijos de Israel.

Habló Adon-ai a Moshéh en el desierto de Sinaí en la Tienda de Reunión, en el primer día del segundo mes, en el año segundo de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:

Censad toda la congregación de los hijos de Israel según sus clanes y según sus prosapias, con enumeración de nombres. Todo varón, cabeza por cabeza.

De edad de veinte años para arriba, todo apto para el ejército en Israel, los habréis de contar según sus huestes, tú y Aharón y con vosotros estarán un hombre por cada tribu: el hombre que cabeza de su prosapia es.

Es paradójico que en general cuando hablamos del desierto pensamos en la soledad.

Moshé en el desierto tuvo su revelación, Eliahu en el desierto encontró la voz apacible de Ds.

El desierto es un espacio de reflexión, de intimidad, de soledad para crecer.

En el desierto fue la revelación colectiva.

El libro comienza, aun sin movernos del Sinaí, y es necesario saber cuántos somos, cuántos quedamos, cuantos somos los que escuchamos las palabras en el Sinaí.

Desierto y números parecería no ser la ecuación correcta.

En nuestro caso, nos indica que formamos parte de un colectivo, que, si bien hubieron profetas que decodificaron los mensajes divinos, es el conjunto del pueblo de Israel el destinatario y portador de la revelación.

Muchas veces nos preguntamos cuántos somos, cuántos vinieron, cuántos volvieron.

Aquí, la pregunta es más radical:

¿Cuántos son los portadores del mensaje?

¿Cuántos están dispuestos a cumplir con la misión?

¿Cuántos son los que llegarán a la tierra prometida?

El censo es en círculos concéntricos: Tribus, familias (extendidas), cabeza de familia.

El mensaje, la misión, la tarea, no se logra ni se realiza si se cumple en soledad.

Es indispensable un marco, las personas con las que vivimos y experimentamos lo judío, con las que vivimos el calendario, las alegrías, y compartimos las lágrimas.

Hoy se llama familia, congregación, comunidad.

Como dice Elie Wiesel, parafraseando a Rabi Najman, la tragedia contemporánea es que muchas veces somos como mensajeros que hemos olvidado nuestro mensaje, y vamos de un lado a otro, perdidos, corriendo para llegar a donde no sabemos, ni para qué, ni cómo.

Recuperemos el mensaje, redescubramos nuestra misión y volvamos a “recalcular el rumbo”

 

Shabat shalom

Rab Alejandro S. Bloch

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