Ajarei Mot - Kedoshim.
Rabi Najman, el bisnieto del Baal Shem Tov, tiene una enseñanza simple, profunda y maravillosa a la vez: Nadie está dos veces en el mismo lugar espiritual.
La vida espiritual no es estática. No estamos siempre “arriba o abajo”.
Cada día, en cada momento, estamos en otro lado. Nuestra conciencia cambia de amplitud. A veces más restringida, a veces más amplia, de acuerdo a nuestra capacidad de percibir la realidad, la interconexión de todas las cosas, nuestro lugar en ella, nuestro yo más invasivo o más pequeño, la mirada sobre el otro, o nuestra imposibilidad de ver al otro, y de esta manera, poder vislumbrar lo sagrado.
En este shabat leemos dos secciones de la Torá, Ajarei Mot – Kedoshim, y a pesar de tratar sobre temas muy diferentes, podemos encontrar una vinculación sutil.
Al comienzo de Ajarei Mot leemos:
Dijo Adon-ai a Moshé: Habla a Aharón tu hermano para que no entre en todo momento al Santuario (el hakosh), más allá del velo, delante del propiciatorio que está sobre el Arca, para que no muera; ya que por medio de la nube Yo me revelaré sobre el propiciatorio.
Y al comienzo de Kedoshim leemos:
Habló Adon-ai a Moshé diciendo:
Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Consagrados (kedoshim)! habréis de ser, ya que Santo Soy Yo Adon-ai, vuestro D’s.
En el primer texto, la prescripción es no entrar en cada momento al santuario. En hebreo el Hakodesh, lo sagrado, aquí como un lugar especial al que hay que entrar en momentos determinados, de una manera determinada, para no hacer de lo sagrado algo profano.
En el segundo texto, la prescripción es en futuro, Kedoshim Tihu, santos habéis de ser, o sea, es un mandato que no se logra en un instante, y que tal vez, nunca se logra plenamente, sino que siempre se está en proceso.
Nunca estamos en el mismo lugar espiritualmente, es imposible, no somos la misma persona todo el tiempo, cada cosa que vivimos, cada encuentro, cada lectura nos modifica, y nos permite poder crecer.
Lo sagrado, no es un espacio, no es un estatus personal que se alcanza de una vez para siempre.
Es una experiencia que nos permite ser seres humanos en busca de lo divino, sabiendo que nunca podremos poseerlo, ya que el día que creamos que lo obtuvimos, solo será otro ídolo más en la lista de la humanidad.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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