Haftará Vayera. II Reyes 4:1-37 Ser Pueblo. Ser Familia.
¿Podemos vivir nuestro judaísmo en soledad? ¿Podemos acaso estar solos, separados y aislados del resto de nuestro Pueblo?
En el libro de los Reyes II nos encontramos con una historia del profeta Elisha, donde una mujer shunamita lo invita a morar en su casa, le da la bienvenida, le da pan y, junto a su marido, le construye una habitación en su hogar. Frente a tanta hospitalidad, el profeta, casi de modo incrédulo, le pregunta:
“Tanto te has preocupado por nosotros (él y su siervo) con todo este esmero; ¿qué te puedo hacer? ¿Es necesario que yo hable por ti al rey o al jefe del ejército?”. A lo cual ella respondió: “En medio de mi propio pueblo yo habito”[1].
El profeta ofrece favores, ofrece soluciones. La respuesta de la mujer es extraña: “En medio de mi propio pueblo yo habito”. ¿Qué significa esto? ¿Qué importancia tiene y por qué resaltarlo?
Martin Buber, en su obra Yo y Tú, nos explica que la propia existencia humana se da en el contexto de una relación de diálogo entre dos: un Yo y un Tú. De alguna manera, esta mujer puede definir su identidad en el vínculo con un otro. Ese otro es el resto de su pueblo. Ella no es solo un individuo aislado, sino que es parte de algo más grande, y sus decisiones, así como las consecuencias de ellas, también se circunscriben a esa pertenencia, a esa concepción de un Yo dentro de un Tú más grande, que no es ni más ni menos que su propio pueblo, su familia.
Este versículo del libro de los Reyes tal vez nos trae un vestigio de uno de los puntos más relevantes de nuestras tradiciones judías: no podemos concebir el ser judío fuera de la comunidad; no podemos concebir vivir lo judío fuera de la comunidad y en soledad. La construcción de una vida judía, que puede darse de múltiples formas, de lo único que tal vez no puede escapar es de la necesidad de la construcción comunitaria y de su desarrollo en medio de un pueblo.
Como nos explica Rashi con respecto al versículo que hemos traído:
“¿Qué significa cuando la mujer dice ‘vivo en medio de mi pueblo’? Significa: entre mis parientes; entre ellos nadie me puede hacer daño y, por ende, no necesito ni al rey ni al ejército”.
En definitiva, Rashi nos aclara que, además de que habitar lo judío en soledad no es del todo posible, “habitar en un pueblo” no es más que pertenecer a una gran familia. Y, como en toda familia, habrá familiares más cercanos y otros menos, pero, en última instancia, cuando somos una gran familia, es mucho más difícil que puedan hacernos daño.
Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto
[1] II Reyes 4:13
Ser parte
Con tu ayuda, la Comunidad NBI podrá cumplir con su misión de mantener la identidad judía por medio de la vivencia y el estudio de sus tradiciones desde la visión masortí y sionista, en un marco amigable y acogedor.