Shabat ITRO – Viernes 06 febrero / 19 Shevat: Velas: 20:25 hs.

Obadia. A veces el castigo puede ser solo el no poder hacer teshuvá.

Esta semana, la lectura de los profetas nos brinda la posibilidad de volver a leer el libro más corto del Tanaj: el libro del profeta Obadia, compuesto por apenas 21 versículos.

Obadia,un profeta cuyo libro no menciona ni su origen ni su época, nos introduce en una temática poco habitual dentro de la profecía bíblica: su mensaje no se dirige a Israel, sino a Edom, a su destino y a su porvenir. Según el profeta, Edom, el poderoso y fuerte, caerá. Para Edom no hay salvación. Como hemos señalado en otras oportunidades, el objetivo de Dios es que la profecía no se cumpla; sin embargo, en Obadia no hay redención posible para Edom. La profecía afirma, sencillamente, que Edom caerá, al mismo tiempo que anuncia que Israel prevalecerá.

Y los cautivos de esta hueste de los hijos de Israel, los que están entre los cananeos hasta Tzarfat, y la cautividad de Jerusalem que está en Sefarad, poseerán las ciudades del sur. Y subirán salvadores al monte Sión para juzgar el monte Esav, y el reino será del Eterno[1]”.

Y, sin embargo, resulta llamativo que una profecía no deje espacio para el arrepentimiento, que no abra la puerta a la teshuvá.

En general, los profetas de Israel suelen ofrecer caminos de redención al propio Israel luego de advertirle lo que ocurrirá si no modifica su conducta. Y no solo a Israel: también a otros pueblos, como vemos en el caso de Ioná, enviado a anunciar la caída de Nínive por sus transgresiones; tras su sincero arrepentimiento, la ciudad es perdonada por Dios.

¿Acaso Edom no puede ser perdonado? ¿En qué se diferencia Edom de Nínive? ¿Acaso Edom no puede hacer teshuvá? ¿Acaso no hemos sido dotados de libre albedrío para que, del mismo modo que podemos transgredir, podamos también rectificar nuestros actos?

En este sentido, quiero citar las palabras de Maimónides en su código legal, el Mishné Torá, donde enseña:

Hay una transgresión por la cual la ley dicta que se cobrará de él en el Mundo Venidero, y no le ocurrirá al transgresor ningún daño en este mundo. Y hay una transgresión por la cual cobran de él en este mundo y también en el Mundo Venidero.
¿En qué caso se dicen estas cosas? Cuando no hizo teshuvá; pero si hizo teshuvá, esta actúa como un escudo frente al castigo. Y así como la persona transgrede con conocimiento y voluntad, del mismo modo hace teshuvá con conocimiento y voluntad.
Y es posible que una persona peque un gran pecado, o muchos pecados, hasta que el juicio ante el Juez de la Verdad dictamine que la retribución por esos pecados cometidos voluntaria y conscientemente sea impedirle la teshuvá, no permitiéndole volver de su maldad (…) Entre otros, este es el caso del Faraón, a quien el Kadosh Baruj Hu endureció el corazón y no le permitió hacer teshuvá, y finalmente recayeron sobre él todas las plagas (…)[2]
.

A la luz de las palabras de Maimónides, solo podemos pensar que la transgresión de Edom, la transgresión de Esav como pueblo, fue tan grave como la del Faraón, al punto de que no se le permitió siquiera reparar su daño ni hacer una teshuvá sincera.

Tal vez el foco de la profecía de Obadia, tan breve y tan particular, sea una invitación a reflexionar sobre el hecho de que todos tenemos la oportunidad de enmendar aquello que dañamos. Pero a veces es necesario reconocer que, cuando decidimos de manera deliberada realizar actos malvados contra nuestros semejantes, llega un momento en que nuestro peor castigo será descubrir que ya no hay reparación posible, ni siquiera la capacidad de advertir que hemos errado, condenándonos a una vida sin posibilidad de restauración.

Shabat Shalom.
Rab. Martín Pussetto

[1] Obadia 1:20-21

[2] Mishné Torá Hiljot Teshuva 5:5-6:1-6:2-6:3

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