Shabat ITRO – Viernes 06 febrero / 19 Shevat: Velas: 20:25 hs.

Hoshea 11:7-14:10 Cuando el Profeta puede ser un charlatán.

Leer al profeta Hoshea no es fácil. Su profecía de amonestación a Israel, y en particular a Efraim, es profundamente desgarradora. El mensaje del profeta es desolador. Las imágenes que propone en su advertencia, al referirse al castigo Divino, pueden dejar a cualquiera con la respiración entrecortada:

“Shomron será hallada culpable por haberse rebelado contra su Dios. Caerán a espada, sus niños pequeños estrellados y sus embarazadas, partidas al medio” (Hoshea 14:1)

Sin embargo, su mensaje no termina en la recriminación: deja esperanza, deja luz para que el castigo no se cumpla.

Israel, retorna al Eterno, tu Dios, porque has caído en tu transgresión. ¡Tomen con ustedes palabras de reconocimiento y vuélvanse hacia el Eterno! Díganle: Perdona todo pecado y acepta el bien; con nuestros labios sustituiremos los sacrificios. (…) El sabio entenderá estas palabras; quién es sensato sabrá qué rectos son los caminos del Eterno. Los justos andarán por ellos, pero los transgresores en ellos tropezarán.” (Hoshea 14:2-3 – 14:10)

La profecía siempre deja una puerta abierta. La profecía puede no cumplirse, pero eso depende del accionar humano. El objetivo de Dios, mediante el mensaje del profeta, no es que el augurio se concrete sino, por el contrario, que no se cumpla. La lupa debe colocarse no sobre el castigo que recibirá Israel por su transgresión, sino sobre cuál es la posibilidad reparatoria.

Y en este sentido, esto no solo es válido en la profecía sino también en la vida cotidiana.
Cuántas veces nos fijamos en el desenlace, en aquello que ocurrirá a partir de las acciones que realizamos nosotros o que realizan otros, y sin embargo no prestamos atención a las posibilidades de reparación.

A veces el objetivo debe estar puesto justamente en la reparación, en evitar que la profecía o el peor escenario se cumpla. En última instancia, que las profecías negativas no se cumplan es el verdadero deseo del Dios de Israel. 

El objetivo es elegir el camino por el cual se abra la puerta redentora, incluso si eso hace que el profeta parezca un charlatán.

Hoshea nos invita a esto: a repensar el camino para que el desenlace de nuestras acciones no sea fatídico; a aprender que, aunque lo que hacemos puede conducir a resultados no deseados, siempre existe una puerta abierta para transformarlos en algo bueno para nosotros y, en última instancia, en aquello que realmente deseamos vivir en nuestras vidas.

Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto

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