Ser éticos es también parte del culto divino Amós 2:6–3:8
Qué experiencia maravillosa es leer al profeta Amós. Cómo resuena su texto incluso en la actualidad. Su profecía, marcada por una profunda crítica social, continúa siendo relevante hasta nuestros días.
El profeta Amós desarrolla su mensaje desde el reino del Sur, pero lo dirige al reino del Norte. Su crítica no se dirige al ritual, ni siquiera al hecho de que el ritual se anteponga a los deberes éticos hacia los semejantes, como ocurre en el caso de Isaías[1]. Su crítica es al accionar ético de los individuos contra sus hermanos. Amós detalla las prácticas de un reino del Norte donde el valor de lo humano y de la vida humana se desvanecía frente a la codicia, la crueldad y la indiferencia hacia los menos aventajados de la sociedad. Nuestro profeta denuncia una verdadera oda a la crueldad en el siglo VIII AEC, durante el reinado del Norte de Jeroboam, donde se vendía a personas, se despojaba a los desvalidos y se aprovechaban de los desaventajados:
“Así dice el Eterno, por tres transgresiones y por cuatro no me desdeciré, porque venden al justo por plata y al necesitado por un par de zapatos. Codician hasta el polvo de la tierra que está sobre la cabeza de los menesterosos y desvían el camino de los humildes (…) [2] y se acuestan junto a cada altar sobre ropas tomadas en prenda, beben en la casa de su Dios el vino de los multados injustamente” [3].
El profeta Amós nos enseña que Dios se preocupa por la justicia. No señala, como mencionamos previamente en otros profetas, que la preocupación divina recaiga en el hecho de que el ritual haya desplazado a la ética. La crítica de Amós apunta al accionar mismo del ser humano, al comportamiento inhumano hacia el otro. La profecía de Amós, que además tiene la particularidad de haberse cumplido, ya que el Reino de Israel fue destruido en el año 722 AEC por los asirios, deja una huella imborrable en la memoria colectiva del pueblo de Israel. El galut y la destrucción del Reino del Norte no se deben a problemas rituales, sino a la falta de ética y a las acciones crueles de sus habitantes.
Abraham Joshua Heschel lo explica bellamente en su libro Los Profetas:
“¿Habló Amós como un paladín de la ética? ¿Fue en nombre de la ley moral que el pastor de Tekoa dejó a sus ovejas para proclamar su mensaje en Samaria? Amós insistía en que fue a Dios a quien siguió y cuya palabra viva llevaba consigo.
Hay un Dios viviente que se preocupa. La justicia es más que una idea o una norma, la justicia es una preocupación divina. Entre Dios y Su pueblo no existe solo un pacto de obligaciones mutuas, sino también una relación de preocupación recíproca. El mensaje de Dios no es una acusación impersonal, sino la expresión de un Redentor dolido por las malas acciones, por la ingratitud de aquellos a quienes Él ha redimido. Sus palabras son un lamento, llenas de pena y desconsuelo”[4].
“También Yo os saqué de la tierra de Egipto, y os conduje durante cuarenta años por el desierto para que poseyerais la tierra de los amorreos. Elevé a vuestros hijos como profetas y a vuestros jóvenes como nazareos. ¿No es esto así, oh hijos de Israel?, dice el Eterno. Pero disteis a los nazareos vino para beber y exigisteis a los profetas que no profetizaran” [5].
Creo que la profecía de Amós contiene dos elementos que lo consolidaron como uno de los grandes profetas. Por un lado, su profecía se cumplió. Por otro, su exigencia se dirige directamente a nuestras obligaciones éticas hacia quienes nos rodean, porque en última instancia, como explica Heschel, nuestro Dios es un Dios que se preocupa por la justicia y cuyo pacto no se sostiene solamente en el ritual, sino también en las relaciones justas y éticas interpersonales.
Pensándolo bien, tal vez, ser justos y correctos con nuestros semejantes sea también un acto de acercamiento a Él. ¿Acaso, no leemos en la Torá que nosotros también fuimos creados a su imagen y semejanza?
Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto
[1] Ver Isaías Capítulo 58
[2] Amos 2:6-7
[3] Amos 2:8
[4] Abraham Joshua Heschel “The Prophets” pp.38-39
[5] Amos 2:10-12
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