El amor gratuito
Esta semana fuimos testigos, un año más, de la conmemoración de Tishá BeAv, esa fecha que transcurre en Israel durante el abrasador verano de Medio Oriente y, en nuestro hemisferio sur, en el crudo invierno.
Los días de Av, hasta el 10 inclusive, no solo recuerdan la destrucción de los Templos, sino que también han quedado marcados, generación tras generación, por las calamidades y los dolores acontecidos al pueblo judío. Basta con observar una lista para comprender la fuerte carga emocional y dolorosa contenida en los primeros diez días de Av, sobre todo en aquellos más cercanos al 9 de dicho mes:
- Incendio del Primer Templo, 10 de Av de 586 a.e.c.
- Incendio del Segundo Templo, entre el 9 y el 10 de Av del año 70.
- Decreto de expulsión de los judíos de Inglaterra, 9 de Av de 5050, 18 de julio de 1290.
- Arresto y expulsión de los judíos de Francia, 10 de Av de 5066, 22 de julio de 1306.
- Expulsión de los judíos de España, en una fecha cercana a Tishá BeAv, 31 de julio de 1492.
- Comienzo de las deportaciones del gueto de Varsovia, 8 de Av de 5702, 22 de julio de 1942.
- Comienzo de los asesinatos en Treblinka, 9 de Av de 5702, 23 de julio de 1942.
- Atentado contra la AMIA, 10 de Av de 5754, 18 de julio de 1994.
Tal vez no ayunamos para recordar específicamente el Templo. Con gran alegría podemos decir que hoy gozamos de soberanía sobre nuestra Tierra y tenemos nuestra Mediná. Sin embargo, seguimos ayunando. Tal vez no porque esperemos que se reconstruya un Templo en el que volvamos a llevar adelante sacrificios, sino para que nuestro pueblo, ante todas las calamidades ocurridas, pueda permanecer unido y comprender que solo si todos somos parte podremos evitar nuevas tragedias.
Nos cuenta el Talmud, en el tratado de Iomá, lo siguiente:
“¿Por qué fue destruido el Primer Templo? Por tres transgresiones que existían en él: idolatría, relaciones sexuales prohibidas y derramamiento de sangre.
Idolatría, pues está escrito: «Porque el lecho es demasiado corto para extenderse».
Pero el Segundo Templo, en cuya época se dedicaban al estudio de la Torá, al cumplimiento de las mitzvot y a realizar actos de benevolencia, ¿por qué fue destruido?
Porque había en él odio gratuito.
Esto viene a enseñarte que el odio gratuito equivale a las tres transgresiones: idolatría, relaciones sexuales prohibidas y derramamiento de sangre”.
Los invito a que cambiemos las cosas y a que ayunemos para que no exista más el odio gratuito entre nosotros, ese odio que destruye a nuestro pueblo. Pero, sobre todo, los invito a recordar y a pensar que ha llegado la hora de reemplazar ese odio por otra idea: el amor gratuito.
Les deseo un ayuno significativo, un ayuno que convierta el odio gratuito en amor gratuito entre hermanos y que, finalmente, nos conduzca a la redención de nuestro pueblo de Israel.
Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto
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