Los pies en la tierra y la mente en el cielo. Sobre la Haftará de Shabat de Rosh Jodesh. Isaías 66.
Esta semana comenzamos el nuevo mes de Iar en el calendario. Luego del despertar de la primavera en Nisán, nos disponemos a recorrer los 49 días del Omer rumbo a Shavuot. Es un tiempo de reflexión, de volver desde la elevación de Pesaj al llano del mundo que se abre bajo nuestros pies.
Cuando leemos la Haftará de Shabat de Rosh Jodesh, en sus primeras palabras aparece una suave pero profunda interpelación divina:
“Así dice el Señor: los cielos son Mi trono y la tierra el estrado de Mis pies; ¿qué casa podrían ustedes construirme y qué lugar sería Mi morada?”
Cuántas veces habitamos en nuestros sueños. Cuántas veces nos preguntamos dónde termina la realidad y dónde comienza aquello que anhelamos.
El cielo y la tierra no son solo la morada de Dios. También nosotros, muchas veces, tenemos nuestro trono en el cielo mientras nuestros pies descansan en la tierra. Pero entonces surge la pregunta: ¿dónde habitamos realmente? ¿Cómo hacemos descender esos sueños hasta la realidad? ¿Cómo aceptamos que no siempre aquello que imaginamos coincide con la vida concreta que nos toca vivir?
Tal vez el trabajo de estos días consista precisamente en eso. En no renunciar a los sueños, pero tampoco quedarnos suspendidos en ellos. En transitar el Omer como un camino de transformación que nos permita, paso a paso, acercar el cielo a la tierra.
En Shavuot celebramos el momento en que lo divino desciende y la Torá es entregada. Pero ese encuentro no ocurre de manera inmediata. Requiere preparación, tiempo, recorrido. Son 49 días en los que estamos llamados a trabajar para que ese trono que habita en lo alto, en nuestros sueños y anhelos, pueda encontrar su lugar aquí abajo, en la tierra firme donde apoyamos nuestros pies.
Quizás ahí se juega lo más profundo de este tiempo. No en elegir entre cielo o tierra, sino en aprender a vivir de tal manera que ambos puedan encontrarse.
Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto
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