Shabat Matot Masei – Viernes 10 julio / 25 tamuz: Velas: 17:32 hs.

Ellas

Hoy quiero contarles sobre esos personajes del Tanaj que a veces nos pasan desapercibidos, a veces no tanto y, en ocasiones, nos emocionan hasta las lágrimas.

En el libro de Josué nos encontramos esta semana con una historia que dialoga con lo que leemos en la Torá: el envío de espías para investigar y explorar esa tierra que, poco tiempo después, ciertamente será conquistada por Josué bin Nun y el Pueblo de Israel.

Al entrar en la tierra, nuestros exploradores ingresan a la casa de Rajav HaZoná, la prostituta. Independientemente de los esfuerzos que llevan adelante algunos de nuestros intérpretes por explicar que sencillamente era una vendedora de comida, el Tanaj es claro: Rajav era una prostituta.

Pero su rol es decisivo. Es ella quien protege a los exploradores para que puedan escapar de la persecución de los enviados del rey de Ierijó, quienes saben que han entrado a espiar la tierra.

Rajav solo tiene un pedido: que su familia sea salvada cuando el Pueblo de Israel regrese a la tierra. Y, de hecho, así fue. Podemos leer en Josué 6:25 (ya por fuera de nuestra Haftará) lo siguiente:

“Y a Rajav la prostituta, a la casa de su padre y a todo lo que le pertenecía, Josué les conservó la vida; y ella habitó en medio de Israel hasta el día de hoy, porque escondió a los mensajeros que Josué había enviado para explorar Jericó” (Josué 6:25).

La descendencia de Rajav, incluso “hasta el día de hoy”, como menciona el texto, siguió formando parte del Pueblo de Israel. Una mujer prostituta de un pueblo pagano que no solo supo esconder a los espías, sino también incorporarse al Pueblo de Israel, reconociendo a su Dios, como leemos en Josué 2:11: “Dios, su Dios, es el Dios de arriba en el cielo y de abajo en la tierra”.

Nuevamente vemos mujeres que modifican el rumbo de la historia de Israel. Y no solo eso, sino que finalmente sabemos que su linaje continúa dentro del pueblo, a pesar de su historia, a pesar de su origen, como hemos visto en el caso de Rut y como hemos visto en el caso de Tamar. Mujeres que son, ni más ni menos, en el caso de estas últimas dos, parte del linaje del rey David.

Pero no solo eso. El Talmud nos enseña que la propia Rajav fue ascendiente de ocho profetas, incluyendo a Jeremías.

Mujeres prohibidas, mujeres con un pasado difícil, provenientes de familias que no podían ingresar al pueblo y que, sin embargo, allí están, en nuestra historia judía, en nuestra historia sagrada, en el momento necesario para que la historia sea la historia que conocemos.

Tal vez sea hora de levantar la cabeza, mirar hacia adelante, tener la valentía de repensar nuestros juicios y prejuicios, leer las historias de Rut, de Rajav y de Tamar, y otorgarles el lugar relevante que no solo ocupan en el Tanaj, sino también en el propio desarrollo de nuestra tradición judía.

 

Shabat Shalom

Rab. Martín Pussetto

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