Shabat ITRO – Viernes 06 febrero / 19 Shevat: Velas: 20:25 hs.

Janucá y la identidad que no se apaga.

Si bien normalmente ocupamos estas hojas para hablar de la haftará de la semana, esta vez quiero invitarlos a mirar de frente a la festividad de Janucá, con sus luces… y también con sus tensiones.

Hace muchos años leí en The New York Times una nota que planteaba una contradicción interesante: ¿cómo puede ser que una fiesta que recuerda el triunfo contra la asimilación haya terminado convirtiéndose, justamente, en la que más celebran tantos judíos modernos, muchas veces muy integrados a las culturas de la diáspora? La nota proponía una explicación simple: por la cercanía habitual entre Navidad y Janucá, esta última terminó funcionando, en muchos lugares, como una especie de “Navidad judía”, una manera de transitar diciembre sin sentirnos del todo ajenos al entorno. Y, sin embargo, la historia de Janucá es cualquier cosa menos cómoda: en el siglo II a. e. c., un pequeño grupo de sacerdotes se levantó contra el poder griego que había profanado el Templo y decretado leyes contra la vivencia libre de las prácticas judías; pero la lucha fue también interna, contra los propios judíos helenizantes, que impulsaban la adopción de prácticas y valores helenos. Y acá aparece una pregunta inevitable:

¿Dónde estamos hoy parados? ¿Cómo vivimos lo judío siendo minoría?

Quiero proponer una reflexión sobre identidades: ser judío, vivir como judío y participar de la vida judía tal vez no sea una condición exclusiva. En los últimos dos mil años, después de la destrucción del Templo, lo judío se sostuvo en gran medida gracias a una capacidad extraordinaria: construir continuidad sin exigir uniformidad. Amalgamamos, adaptamos, tomamos lenguajes, músicas, comidas, formas comunitarias, y las hicimos judías, como un “varenike” o el “ladino”.
Así nacieron identidades y prácticas diversas, pero con un núcleo compartido: la convicción de pertenecer a un pueblo, el lazo con una historia sagrada común que comienza con Abraham y llega hasta hoy, y esa intuición profunda de que, de algún modo, todos estuvimos en Sinaí: no como una foto idéntica, sino como una raíz común. En la modernidad, además, se sumó el nacimiento del Estado de Israel, que para muchos abrió una posibilidad real de elegir, y para todos transformó el mapa interior de lo judío.

Frente a tantos cambios y movimientos del mundo judío en su historia, con sus ganancias y sus pérdidas, y teniendo presente que Janucá recuerda el triunfo de los macabeos sobre los griegos y también sobre los judíos helenizantes:

¿Cómo celebrarla hoy, en mundos liberales donde asumimos con honestidad que nuestro judaísmo está marcado por el influjo cultural de las sociedades en las que vivimos?

Quizás la respuesta no sea negar la tensión, y ahí está la incomodidad: celebramos una victoria contra la integración cultural… desde un judaísmo que, en gran medida, vive integrándose culturalmente.

Pero Janucá no nos pide copiar a los macabeos: nos pide escuchar la pregunta que los movía, aunque la respondamos de otro modo: ¿qué estamos dispuestos a hacer para que la identidad judía no se apague? Y la esencia que nos convoca sigue en pie: sostener lo judío con dignidad y creatividad creando comunidad; defender el derecho a ser quienes somos sin pedir permiso; transmitir una historia, una memoria y un lenguaje; construir identidad no solo como práctica, sino también como civilización judía viva con ética, cultura, estudio, pueblo y responsabilidad.

Por eso propongo que encendamos nuestras velas, no para volver al siglo II a. e. c., sino para decir, en pleno presente, que seguimos acá. Seguimos discutiendo, reinventandonos y eligiendo lo judío. Seguimos siendo parte de una cadena milenaria, aunque los eslabones sean, como siempre, de distintas formas y colores.

Shabat Shalom
Jag Januca Sameaj

Rab. Martín Pussetto

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