Volver a la fuente
En la segunda semana de las Tlata de Puranuta o las Haftarot de las tres semanas de repremidenda leemos la haftará conocida como Shimú, tomada del libro de Jeremías.
El profeta utiliza una imagen muy clara para describir el alejamiento del pueblo:
«Porque dos males ha hecho mi pueblo: me abandonó a Mí, manantial de aguas vivas, para excavar cisternas, cisternas rotas que no son capaces de conservar el agua.» (Jeremías 2:13).
Dios es presentado como una fuente de agua viva, siempre disponible y capaz de dar vida. Sin embargo, el pueblo decide abandonarla y buscar seguridad en otros lugares: ídolos, alianzas políticas y falsas promesas.
¿Acaso esta historia no nos habla también en presente?
Muchas veces ponemos nuestra confianza en cosas que parecen firmes, pero que no pueden sostenernos verdaderamente. El éxito, el dinero, el reconocimiento o la rutina pueden ocupar un lugar demasiado importante y alejarnos de aquello que da sentido a nuestra vida, aquello que hace que nuestras vidas mismas puedan ser fuentes de aguas vivientes.
Las semanas previas a Tishá BeAv nos invitan a detenernos y preguntarnos: ¿cuáles son nuestras propias “cisternas agrietadas”? ¿Dónde estamos buscando aquello que solamente puede encontrarse en una relación profunda con nuestros valores, con nuestra comunidad, con el resto de nuestros afectos y familias y por qué no, también, con Dios?
El reproche de Jeremías, antesala de la profecía sobre la destrucción de Jerusalén, tal vez no busca hablarnos únicamente de la tragedia que habría de ocurrir y que, sin duda, el propio profeta hubiera querido evitar. Probablemente, su propósito no sea anunciar la destrucción, sino despertar, mejor dicho “Que despertemos”.
Despertarnos a tiempo. Hacernos comprender que todavía no es demasiado tarde, que no todo está perdido y que siempre es posible volver a la fuente, volver a la fuente de la vida. Porque mientras exista la posibilidad de regresar, también existe la posibilidad de reconstruir, incluso antes de que nuestro propio mundo termine por derrumbarse.
Shabat Shalom
Rab. Martin Pussetto
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