Más acción, menos perdón
Estamos en los Iamim Noraim, esos días que discurren entre Rosh Hashaná y Iom Kipur. Días áridos para algunos, de vacaciones para otros, dada la coincidencia con los feriados de las Fiestas Patrias.
Se acerca Iom Kipur, ese día que muchos de nosotros esperamos con cierta ansiedad. Día del perdón, día de pedir perdón y día de ser perdonados.
Como dice el profeta:
“Vengan ahora, y razonemos juntos, dice Adonai. Aunque sus pecados sean como la grana, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como el carmesí, serán como la lana” (Isaías 1:18).
Textos de halajá medievales, como el Kol Bo, nos cuentan lo siguiente acerca de Iom Kipur:
“Cuando Samael ve que en Iom Kipur no encuentra pecado alguno en Israel, dice ante el Santo, bendito sea: ‘Soberano del universo, ellos son un pueblo único en la tierra, semejantes a los ángeles ministeriales del cielo. Así como los ángeles ministeriales están descalzos, también Israel lo está en Iom Kipur; así como los ángeles ministeriales no comen ni beben, también Israel no come ni bebe; así como entre los ángeles ministeriales reina la paz y están libres de todo pecado, también Israel es así’.
Y el Santo, bendito sea, escucha este testimonio acerca de Israel, proveniente de su propio acusador, y les perdona sus transgresiones.
Pero al concluir Iom Kipur, cuando vuelven a su conducta corporal y material, también el Satán vuelve a estar entre ellos. Por eso se toca el shofar: para confundirlo”.
Nos acercamos a Iom Kipur. Será, sin dudas, un día intenso. Ayunaremos, haremos tefilá, recordaremos a nuestros seres queridos y, al finalizar, esperamos quedar limpios frente a nuestro Dios.
Pero tenemos un problema. Como nos cuenta el Kol Bo, cuando Iom Kipur termine volveremos a nuestro día a día. Tal vez volvamos también a nuestras prácticas habituales, a nuestras transgresiones y a nuestras decisiones no siempre acertadas. Muchas veces cometeremos injusticias, caeremos en la mofa o trataremos mal a quienes tenemos cerca.
Seguramente lastimaremos a otros y también nos lastimaremos a nosotros mismos. Nos engañaremos y seremos engañados. Y dentro de un año llegará nuevamente Iom Kipur, cuando volveremos a ser, por un día, como aquellos ángeles sin mácula. Y el ciclo comenzará otra vez.
Toda la idea de Iom Kipur es posible precisamente porque somos seres humanos. No somos ángeles. Durante el año hacemos cosas que preferiríamos no haber hecho. Iom Kipur nos ofrece un día para detenernos, reconocer lo sucedido, hacernos conscientes e intentar no repetir aquello que dolió o produjo dolor.
Por eso, este año te sugiero que pidas menos perdón pero que cambies un poco más, que no te concentres en el perdón sino en despertarte para convertirte en alguien mejor, en una versión mejor de ti.
Tal vez el desafío no sea simplemente tener un Iom Kipur cada año, sino lograr que cada año necesitemos un poco menos de él. Que llegue un Iom Kipur capaz de despertarnos y que, una vez despiertos, podamos permanecer así para un real y genuino cambio en nuestras vidas.
Que podamos atravesar el año siguiente un poco más libres de aquello que nos pesa, un poco más atentos a los demás y a nosotros mismos, y que cuando vuelva Iom Kipur no tengamos solamente que pedir perdón por lo mismo, sino reconocer que algo, verdaderamente, cambió.
Jatimá Tová
Rab. Martin Pussetto
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