Shabat Behar – Bejukotai – Viernes 8 mayo / 21 Iyar: Velas: 17:38 hs.

Que sea medio y no fin.

A veces nos preguntamos qué valor tiene el ritual. Si es un fin en sí mismo o si nos conduce hacia algo más profundo. La pregunta no es nueva y atraviesa gran parte de la tradición judía.

En la Haftará de esta semana, en Libro de Ezequiel capítulo 44, el profeta describe con detalle el rol de los Cohanim en un Templo futuro. Se los presenta como guardianes de un orden, responsables de distinguir entre lo sagrado y lo profano, entre lo puro y lo impuro.

Pero el ritual no solamente es acción a Dios y repetición, es también una herramienta pedagógica. Un lenguaje que forma, que educa, que moldea sensibilidad.

Cuando el ritual se transforma en un fin en sí mismo, pierde su potencia. Se vuelve repetición automática, hábito sin alma. Pero cuando es vivido como un medio, adquiere una dimensión completamente distinta. Nos entrena. Nos ordena. Nos invita a detenernos y a reconocer que no todo en la vida es igual, que hay momentos que requieren atención, presencia, cuidado.

El desafío está en preguntarnos:

¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿Qué sentido tiene encender velas, bendecir el vino, reunirnos en torno a la Torá?

Tal vez el ritual no viene a resolver esas preguntas, sino a sostenerlas. Nos ofrece un marco donde esas inquietudes pueden existir. Nos da un espacio donde la vida cotidiana se eleva, aunque sea por un instante, y donde podemos ensayar otra forma de estar en el mundo.

Ezequiel nos recuerda que el centro no está en la acción en sí, sino en lo que esa acción despierta. En la capacidad de distinguir, de aprender, de construir una vida con sentido.

Tal vez el ritual no es el destino. Es el camino.

Shabat Shalom

Rab Martín Pussetto

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