Shabat Ki Tetze – Viernes 21 agosto / 8 elul: Velas: 18:00 hs.

Shabat Jazón

Esta última semana comenzó el mes de Av y llegamos finalmente a la haftará del Shabat anterior al 9 de Av, Shabat Jazón, en la que leeremos el comienzo del libro de Isaías.

Isaías no centra su advertencia en la idolatría ni su preocupación en aquello que el pueblo realiza de manera ritual. Lo que le preocupa es el comportamiento del ser humano con su semejante:

(…)ocultaré de ustedes Mis ojos; aunque multipliquen la plegaria, no escucharé: sus manos están llenas de sangre.” (Isaías 1:15)

Aún más, la propuesta de Isaías no es hacer tefilá, ayunar, meditar o pensar en Dios, sino todo lo contrario: es una invitación a la acción. Una acción entendida como justicia, no mirando hacia arriba, sino mirando hacia los costados, hacia nuestros semejantes:

Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, enderecen al opresor; hagan justicia al huérfano y defiendan la causa de la viuda” (Isaías 1:17).

El mundo nunca ha sido un lugar fácil para vivir. A veces buscamos refugio en Dios como una entelequia, como algo a quien le pedimos por nuestro bienestar y para poder estar mejor. Sin embargo, Él ya se reveló a través de nuestros profetas y fue bastante claro:

¿Para qué necesito la multitud de sus sacrificios?, dice el Eterno. Estoy harto de las ofrendas de carneros y de la grasa de animales cebados; no deseo la sangre de toros, corderos ni machos cabríos” (Isaías 1:11).

Nos pide, sencillamente, que nos preocupemos por el otro, que miremos a los costados y que dirijamos nuestros esfuerzos a lograr que el mundo sea un poquito mejor para todos. 

De hecho Dios nos propone que como seres humanos seamos nosotros quienes nos encarguemos de reparar y mejorar este mundo. No será Él quien lo haga sino nosotros, el propio ser humano, como su socio en la creación.

Esta profecía nos trae el manual de instrucciones para construir un mundo mejor. No necesitamos inteligencia artificial, millones de seguidores en Instagram ni riquezas incalculables. Solamente necesitamos dejar de mirar tanto al cielo y comenzar un poco más a mirarnos entre nosotros.

No se trata de esforzarse por agradar a Dios mediante rituales oblatorios pensando en Él y en Su magnificencia, algo que claramente no necesita. Tal vez se trate de que podamos llevar a la acción, sencillamente, aquello que nos reveló mediante Sus profetas y que, con seguridad, espera de nosotros.

Que de aquí en adelante solo tengamos buenas noticias.

 

Shabat Shalom.

Rab. Martín Pussetto

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