Shabat Shlaj Leja – Viernes 12 junio / 27 sivan: Velas: 17:23 hs.

El tiempo mesiánico es como yo digo que será

Cuántas veces hemos escuchado la expresión “Dos judíos, tres opiniones”, una expresión que muchas veces intenta mostrarse como un decir popular de índole cómica, pero que desnuda una realidad casi milenaria: el pueblo judío, a pesar de que lo queramos negar en múltiples modos ha pasado largos momento de su historia con escasa unión. Basta mirar la eterna batalla entre el reino del norte y el reino del sur en la antigüedad en la tierra de Israel, hasta las diferencias cotidianas de nuestro mundo judío.

Y escuchamos hablar del Mashíaj, escuchamos decir que cuando el Mashiaj venga ocurrirá esto y ocurrirá lo otro, y que de seguro el mundo será mejor.

El profeta Hoseas nos dice: “Y se reunirán los hijos de Iehudá y los hijos de Israel juntos, y establecerán para ellos un solo líder, y subirán de la tierra (…)”.

El Radak, rabino francés y exégeta de la Torá en los siglos XII y XIII, explica este versículo de forma magistral:

Y esto será en la reunión de los exilios en los días del Mashíaj, porque en el Segundo Templo no subieron sino Iehudá y Biniamín (el reino del sur), que habían sido exiliados a Babilonia, y no estaban los hijos de Iehudá y los hijos de Israel juntos”.

Pareciera que el propio Radak nos dice que todo el pueblo, todos los hijos de Israel, se reunirán. Estarán juntos bajo un mismo líder. Pero esto ocurrirá solo cuando venga el Mashíaj.

Por otro lado, en la vida cotidiana ocurre lo contrario. Nos enfrentamos entre nosotros mismos. Nos descalificamos. Muchas veces incluso nos odiamos.

Y, en ese contexto, terminamos deseando que venga el Mashíaj. Pero no como un verdadero proceso de redención compartida. Lo deseamos para que anule al otro. Para que llegue un tiempo mesiánico que, en el fondo, sea “como yo digo o creo que será”.

El profeta Hoseas, y finalmente el Radak en su interpretación, son una voz que no debemos callar, que debe alertarnos de que la unión en los tiempos mesiánicos no es una garantía, que la llegada de un Mashíaj redentor no va a acomodar el mundo a lo que cada uno crea o quiera. Como nos explica Maimónides en su Mishné Torá: “El Mashíaj no va a venir a purificar lo impuro o a decir quién cuenta y quién no, sino tan solo a que se torne el rostro de los padres hacia sus hijos”.

Tal vez nuestro trabajo no sea esperar la llegada del Mashiaj para que las cosas cambien sino comenzar a trazar ese futuro el mismo día de hoy con cariño, comprensión y finalmente unión.

Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto

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