Shabat ITRO – Viernes 06 febrero / 19 Shevat: Velas: 20:25 hs.

Dos Poemas, dos miradas - Sobe II Samuel 22:1-51

En la lectura de los profetas de esta semana nos encontramos con un texto tan particular como la lectura de la Torá que la acompaña. Tanto en uno como en otro, leeremos poemas. Sin embargo, irónicamente estamos frente a dos situaciones Teológicas distintas y casi contrapuestas. En la Torá, Haazinu es un canto de amonestación contra el Pueblo de Israel, del Pueblo rescatado por Dios en el desierto al Pueblo que será castigado por la Justicia Divina por transgredir adorando a otros Dioses. Por otro lado, el canto de David en la Haftará del libro de Samuel II, si bien cuenta con una composición similar en cuanto a temática, presenta una visión exactamente opuesta de un Dios que escucha, es la Roca y es salvación y protección de David. Veamos tres ejemplos concretos de esto que comentamos:

 

Israel desviando su camino y la justicia divina versus el Dios salvador.

 

Haazinu (Deuteronomio 32:4–5): “La Roca, perfecta es Su obra, porque todos Sus caminos son justicia; Dios de fidelidad, sin iniquidad; justo y recto es Él. Ellos se corrompieron contra Él; no son Sus hijos por sus manchas, generación torcida y perversa.

 

David (II Samuel 22:2–3): “Adonái es mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. Dios, mi roca, en Él me refugio; mi escudo y cuerno de mi salvación, mi baluarte y mi refugio, mi salvador, de violencia Tú me salvas.

 

En este caso vemos como la Roca, Dios, en Haazinu denuncia la corrupción de Israel mientras que en el caso de David es el Sostén que salva al Rey

 

Ocultamiento del Rostro Divino versus respuesta inmediata.

 

Haazinu (Deuteronomio 32:20): “Y dijo: Esconderé de ellos Mi rostro, veré cuál será su fin; porque generación de perversidades son, hijos en quienes no hay fidelidad.

 

David (II Samuel 22:7): “En mi angustia invoqué a Adonái, y a mi Dios clamé; y oyó desde Su templo mi voz, y mi clamor llegó a Sus oídos.”

 

En Haazinu Dios se oculta como castigo, en el libro de Samuel II, Dios se acerca y escucha.

 

Venganza sobre enemigos vs. Salvación del justo

 

Haazinu (Deuteronomio 32:41–43):  “Si afilo el resplandor de Mi espada, y mi mano toma el juicio, devolveré venganza a Mis adversarios y daré la paga a Mis enemigos. Embriagaré Mis flechas de sangre, y Mi espada devorará carne: de la sangre de muertos y cautivos, de cabezas cabelludas del enemigo. Alegraos, naciones, con Su pueblo; porque Él vengará la sangre de Sus siervos, devolverá venganza a Sus adversarios, y expiará la tierra de Su pueblo.

David (II Samuel 22:48–49):  “El Dios que me da venganzas y somete pueblos debajo de mí.
 Y que me saca de entre mis enemigos; y sobre los que se levantan contra mí me exalta; de hombre violento me libra.

 

En Haazinu, la venganza es una acción de Dios sobre las naciones en forma directa y que incluso puede afectar al propio pueblo de Israel; en el libro de Samuel II, en el Poema de David, es una experiencia personal de victoria y liberación.

 

En conclusión estos dos textos que leemos uno detrás del otro nos muestran que en Haazinu escuchamos una voz dura y severa de Dios que acusa y corrige a un pueblo que se desvió de su pacto, mientras que en el cántico de David de la Haftará, resuena la confianza de quien experimenta lo Divino como refugio y como su salvación frente a sus enemigos. Ambos textos, en tensión, nos recuerdan que la relación con Dios oscila entre la justicia y la misericordia: cuando nos alejamos, Él nos amonesta y confronta; cuando reconocemos sus caminos, Él nos responde. Tal vez lo más importante que podemos hacer frente a esta Tensión, es escuchar los dos poemas, el de la corrección que despierta y el de la gratitud y reconocimiento que libera. A veces incluso habitando nuestras propias contradicciones.

 

Shabat Shalom!

Rab Martín Pussetto

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