Shabat Bamidbar – Viernes 15 mayo / 28 Iyar: Velas: 17:33 hs.

Isaías, creación y visión. Isaías 42:5-43:10

Leemos en el libro de Isaías 42:5-7:
Así dice el Eterno, el que creó los cielos y los expandió, el que extendió la tierra y lo que sale de ella, el que da aliento a la gente sobre ella. “Yo, el Eterno, te he llamado en Justicia, te he tomado de la mano, te he guardado y te he puesto por Pacto del Pueblo, por luz de las naciones, para abrir los ojos ciegos, para sacar a los prisioneros de la cárcel y a los que se sientan en la oscuridad fuera de la prisión”.

 

Este texto que leemos junto a nuestra Parshá de Bereshit nos otorga una nueva perspectiva a la narración de la creación. No solamente rememora la idea de la creación del mundo a partir de un Dios como primera causa creadora, sino que también esgrime la idea de que ese Dios único, además, es un Dios ético: es un Dios que expande los cielos pero que llama a hacer justicia.

 

En este sentido, encontramos en estos versículos uno en particular: “Lifkoaj Einain Ivrot”, traducido al español: “Abre los ojos de los ciegos”. Esta imagen no es atípica ni en los textos rabínicos ni en la misma Torá. La utilización del verbo Lifkoaj en particular denota la idea no de devolver la visión en tanto sentido de la vista, sino la posibilidad de que nuestros ojos se abran a aquello que no notamos pero que ya está delante nuestro. Podemos ver esto, por ejemplo, cuando Abraham destierra a Hagar e Ishmael al desierto y Hagar clama al cielo por no querer ver morir a su hijo de sed. Allí leemos:

 

“וַיִּפְקַ֤ח אֱלֹהִים֙ אֶת־עֵינֶ֔יהָ וַתֵּ֖רֶא בְּאֵ֣ר מָ֑יִם”


“Vaifkaj Elohim et Einea vaTere Beer Maim” (“Y Dios le abrió los ojos a Hagar (a ella) y vio el pozo de agua”).

 

Esto mismo es aquello que rezamos todas las mañanas cuando hacemos las Birkot HaShajar: “Pokeaj Ivrim” (“Que abre los ojos a los ciegos”). Sabemos que tal vez Dios no le devolverá la vista a quien padece una ceguera biológica irreversible, pero pedimos que nos permita ver simplemente aquello que tenemos delante nuestro, que nos permita darnos cuenta del mundo que nos rodea, que nos permita mirar a los otros a los ojos para también poder abrir sus ojos y, en definitiva, construir mejores relaciones humanas.

En última instancia, el Dios de Isaías es un Dios que crea el mundo para hacernos saber no solo que es un Dios Todopoderoso, ni tampoco únicamente para informarnos que hay un día en el que descansamos porque Él descansó, sino que ese mundo debe asentarse sobre la justicia. Tal vez nuestro objetivo es poder abrir nuestros ojos y permitirnos maravillarnos al ver el mundo en el que vivimos.

 

Shabat Shalom
Rab. Martín Pussetto

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