Bejukotai – Premios y pecados.

En 1989 Woody Allen estrenó la película crímenes y pecados, casi haciendo una lejana referencia al libro de Dostoyevski, Crimen y Castigo.
En medio de la trama, un rico Oftalmólogo, que confiaba sus pecados a un paciente y amigo, a la vez RABINO, que se va quedando ciego.
La película de Woody Allen enfrenta la doctrina tradicional de Sjar Vaonesh, premio y castigo, que leeremos en nuestra parashá.
Si en Mis fueros os vais a encaminar, y Mis mandatos vais a guardar, y los vais a cumplir…
Y si Mis fueros vais a despreciar, y Mis leyes vais a repudiar, para no cumplir todos Mis preceptos, para abolir Mi pacto,
En la película está claro, el oculista es próspero a pesar de sus “pecados” que no son pocos. Y frente a esto, el Rabino, que representa la tradición y la sabiduría, sabe de los pecados, es ciego, no ve, no quiere ver, no puede ver, o no puede hacer nada.
Este dilema atraviesa la historia de todas las religiones.
La Torá promete que seguir el camino de las mitzvot será retribuido con prosperidad, y la transgresión será castigada.
Los comentaristas de todas las generaciones han agregado formas de enfrentar este dilema, postergando los premios a una vida ulterior, o buscando razones en el pasado de los castigos, o pidiendo aceptar el sufrimiento como un gesto de amor de Dios, entre otras formas.
En el Tanaj, hay un libro que enfrenta este tema, mostrando que Job no es culpable de ninguna transgresión y aun así sufre.
Es posible que el libro sea una protesta contra esta doctrina y lo interesante es que el desafío está dentro de la misma tradición.
Por último, la disciplina de la teología que trata estos temas se llama teodicea, o sea la justicia divina, o los actos justos de Dios.
Finalmente, nadie tiene respuestas definitivas, solo búsquedas y respuestas temporarias a lo largo de la vida, de enfrentar estos temas personalmente, por el sufrimiento que hay a nuestro alrededor, etc.
Es por eso que Rabi Najman de Bratzlav, más que dar una respuesta, nos muestra un camino general, cuando dice ein iehush baolam, no hay que desesperar, hay que atravesar el puente angosto de la existencia.
Ein ieush baolam, clal.
Shabat shalom
Rab Alejandro S. Bloch


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