Ki Tisa Un buen perfume.

Hemos leído sobre los materiales recaudados para hacer el Mishkan así como también de los utensilios y las vestimentas del Cohen.
En esta parashá leeremos sobre el Aceite para consagrar a los Cohanim, para derramar sobre los utensilios y en especial leeremos sobre el Ketoret que es el incienso.
El Ketoret daba al Mishkan un aroma distintivo, ya que su fórmula era secreta y copiarla para fines que no tuvieran vínculo con el templo estaba penado por la Tora.
La experiencia nos dice que las diferentes ciudades y lugares huelen distintos y eso les da identidad. El Mishkan y el Bet hamikdash deberían ser únicos en todos sus aspectos como la arquitectura, la música, las vestimentas de los Cohanim, los korbanot y también su aroma.
Aquí va la prescripción de la Tora:
Dijo Ado-nai a Moshé: Toma para ti aromas: estacte, uña aromática, gálbano e incienso puro; en cantidades iguales habrán de ser. Y harás con ello el incienso, compuesto según el arte del perfumista, mezclado, puro, consagrado. y pulverizarás parte de ello, muy fino y lo pondrás delante del Testimonio, delante de la Tienda de Reunión, donde he de reunirme contigo, allí. Sacrosanto será esto para vosotros. Y el incienso que habrás de hacer, según su composición no haréis para vosotros. Sagrado será para ti ante Ado-nai. El hombre que hiciere como él, para inhalarlo, será truncado de su pueblo.
Es difícil saber a ciencia cierta cuáles son exactamente las especies utilizadas, los comentaristas a veces difieren de sobre las mismas.
La especie aromática que se traduce con el nombre Galvano, Gelvona, ellos dicen que tenía un aroma desagradable, lo que llamaba mucho la atención.
Rashi mismo sostiene que es para recordarnos que debemos incluir a todo tipo de individuos en nuestras congregaciones aun cuando creamos que son desagradables.
En muchos Sidurim, en la plegaria diaria, aparece el texto conocido como Pitum Haketoret que describe como se realizaba el Ketoret, y los sabios dicen que quien lo lee es como si lo estuviera elevando al modo del templo de Jerusalem.
A continuación el párrafo mencionado:
Talmud, Tratado Queritot, 6a
“Enseñaron nuestros Sabios: la composición del incienso, era la siguiente: consistía en trescientos sesenta y ocho manim; trescientos sesenta y cinco, tantos como la duración del año solar-o Se utilizaba un mane diario, la mitad por la mañana y la otra mitad al atardecer-, y los tres manim restantes, el Sumo Sacerdote los utilizaba durante el Iom Quippur, después de haberlos previamente pulverizado en la víspera de Iom Quippur. Así el incienso constaba de once ingredientes, a saber: Bálsamo, uña aromática, gálbano e incienso. En cantidades de setenta manim para cada ingrediente. Mirra, casia, nardo y azafrán. Cantidades de dieciséis manim para cada ingrediente. Costus doce, corteza de árbol odorífero tres, cenámono nueve; jabón de carsina nueve Kabin; vino de Chipre, tres Seot y tres Kabin. Cuando no se obtenía el vino de Chipre se suplantaba por vino blanco añejo, sal de Sodoma, un cuarto de Kab, de Mahale Éashan se agregaba un poco. Según Rabbi Natan Habavli, también se agregaba una pequeña cantidad de la hierba aromática Quipat que crecía a orillas del Jordán. Si se agregaba miel ya no podía ser utilizado el incienso en el Santuario, mientras que, si se omitía una de estas esencias, era pasible de la pena de rigor. Según Rabbi Shimhon Ben Gamliel, el tragacanto no es otra cosa sino la savia que gotea de los árboles de bálsamo. El jabón de carsina se agregaba para suavizar la uña aromática para que resultara agradable. El vino de Chipre se usaba para remojar la uña aromática para hacerla más fragante. Esto se podía lograr con otros tratamientos, más fueron desechados porque contravenía las buenas costumbres que regían en el Santuario. Según Rabbi Natan, el encargado del incienso alentaba con su voz al que pulverizar los ingredientes y le decía: “Haz lo bien, pulverizarlos del todo. Se podía utilizar para el incienso hasta una mitad del sobrante de inciensos anteriores; acerca de otras proporciones sobrantes. Los Rabinos no se han pronunciado. Según Rabbi Iehudah, si las cantidades son las reglamentarias, se podía usar sobrantes, más si faltaba un solo ingrediente, el preparador se hacía pasible de la pena de rigor. Según Bar Kappara, una vez cada sesenta o setenta años se llegaba a acumular con los sobrantes, la mitad de las cantidades requeridas para el incienso. Agrega Bar Kappara, de haberle agregado al incienso un poco de miel nadie habría resistido su fragancia; más la miel no se utilizaba porque la Torah prohibía su uso para los sacrificios del Santuario.
Elevemos nuestro aroma agradable, cada mañana para conectarnos con el Mekor Jaim, la fuente de la vida.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch


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