Parashat Shemini. Octavo. De los números.

Los números, han fascinado a la humanidad desde siempre. Desde la invención de las diferentes formas de ordenar la realidad, con pesos y medidas, hasta el significado del número infinito, el número PI y todos aquellos que han resultado una intriga.
En la tradición judía también los números tienen su misterio, algunos se repiten a lo largo de la Tora, por ejemplo, los múltiplos de 7, como la creación, 7, 14, 49.
El número 40 esta omnipresente, 40 años en el desierto, 40 días de Moshe en el Har Sinai.
El número 120 como lo ideal que alcanza Moshe y le deseamos a todo el mundo que llegue a esa misma cifra.
El número 8 aparece en dos oportunidades, el primero, relacionado al Brit Mila, el que se realiza el octavo día de vida y en esta Parasha, después de 7 días de preparación, los Cohanim ya estaban listos para hacer su ofrenda.
El Rab. Edery en su comentario a la Tora, nos enseñá:
Los exégetas alegoristas y los místicos interpretan el número ocho como la iniciación de algo sublime, ya que se produce después de culminar un ciclo de siete (días). En realidad, ocurrirá por primera vez que los hijos de Israel cometerán la función del culto a D’s. Esto a veces puede ser motivo de error o incluso distorsión; pues, ¿cómo puede relacionarse el hombre con D’s “inmaterial e incorpóreo” por medio de lamentos culturales materiales ? Tal vez, como respuesta a eso, la Toráh nos relata en Levítico 1: 24 que: “Salió un fuego de ante Adonai y consumió sobre el altar el holocausto y los seos. Lo vio todo el pueblo, prorrumpió en alegría se prosternaron con su rostro a tierra”. Posiblemente esto quiera indicar el aspecto inmaterial de la Revelación Divina a través del elemento fuego que “desciende” en contra de su propia naturaleza física.
Es por eso, también, que los profetas verán en sus visiones el elemento fuego: desde Moshéh en la zarza
ardiente. (Éxodo 3), pasando por Irmiahu, quien compara la misma Palabra de D’s al fuego (Jeremías 23:29) y culminando con la visión de Iehezkél en el capítulo 10 de su libro, donde describe profusamente las formas que tomaba el elemento fuego (Ezequiel 1:27). No olvidemos tampoco que la misma Toráh ha sido comparada al fuego, que ilumina y purifica.
El número 7 representa el mundo físico de la creación, el 8 aquello que está más allá de la naturaleza como el amor o lo sublime.
Los invito en este Shabat, a pensar qué cosas en nuestra vida personal y familiar están vinculadas con ese plus que implica el número 8.
Shabat Shalom,
Rab Alejandro S. Bloch


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