El Maguén David se ha convertido, desde hace tiempo, en uno de los símbolos judíos más conocidos, no solo por el mundo judío sino en general por toda la humanidad. Sin embargo, históricamente no podemos asegurar que haya sido un elemento judío desde sus primeros momentos. Se cree que a partir del medioevo es que este símbolo recibe el nombre de Maguén David, siendo que anteriormente a este período, no era un símbolo relevante. Es muy probable que durante el exilio en Babilonia, el pueblo de Israel haya tomado este símbolo como propio y a partir de allí, se haya construido una identidad a partir del mismo.
Posteriormente, se buscaron establecer muchas relaciones entre este símbolo y la tradición judía. Una de ellas fue argumentar que el Maguén David es una figura de doce lados, los que representan las doce tribus de Israel.
Al ser dos triángulos entrelazados, se relaciona esta figura con la frase de Shir Hashirim (Cantar de los Cantares) que dice: “Yo soy de mi amado y mi amado es para mí”. Representando un triángulo el pueblo de Israel y el otro triangulo D’s. En donde ambos se entrelazan uniéndose.
Por otro lado, un Midrash, muy posterior a la vida de David, busca construir una relación entre el símbolo y el rey de Israel. Se nos cuenta que cuando David huyó de Shaúl, se escondió en una cueva para que los guardias no pudieran verlo. Con la esperanza de que nadie entrara en la cueva, no supo sino hasta el momento en que quiso salir, que una araña había tejido una tela araña en la entrada. Al verla, los guardias entendieron que nadie podría estar allí adentro, puesto que la tela araña lo habría impedido; razón por la cual no inspeccionaron en ese lugar. Cuenta la leyenda que esa tela araña tenía la forma de un Maguén David.
Tan significativo resulta este símbolo, que incluso la bandera del Estado de Israel tiene uno en su centro.


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