Por el Rabino Alejandro Bloch
La tradición judía afirma que esta existencia no es la única.
Afirma que existe la trascendencia. La vida en este mundo es parte de la existencia total del alma pero no la única.
Existe algo en el ser humano que es eterno, que existe ante de nuestro nacimiento, y existirá después de nuestra partida de este mundo.
No todas las corrientes judías se dedican a trabajar este tema, y en general está asociado más al mundo de la Cábala.
Como es esa existencia ha sido debatido por los místicos de todas las generaciones.
Algunos sostienen que cada alma llega al mundo para realizar un Tikún, tiene la misión de reparar algo, y hasta que no lo logra participa de un proceso de Gilgúl, de transmigración (diferente a de reencarnación). En especial en el mundo jasídico este concepto es muy importante y existen muchos relatos del baal Shem tov y sus discípulos discutiendo sobre eso.
Las diferentes escuelas reflexionas sobre si el alma mantiene su conciencia individual, o si al morir la pierden y deben comenzar el proceso de nuevo, algo similar a lo que plantea Platón, que las almas pasan por un rio y olvidan todo.
Abraham J. Heschel en un hermoso texto llamado ¨La muerte como vuelta al Hogar¨ dice que lo que sí sabemos es que aquí tenemos el privilegio de la conciencia individual, y que al final de nuestros días iremos hacia la fuente de la vida.
El Rab Brad Artson, en su libro sobre la teología del proceso, parafraseando la enseñanza de la física, nada se pierde todo se transforma, sostiene que existe continuidad de la vida de otra forma diferente a la actual y lo llama olam haba, el mundo venidero.


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