Bealoteja. Alumbrar el alma, alumbrar la casa, alumbrar el mundo.
Aaron, el hermano de Moshé tiene una mitzvá que se transforma en una misión.
Él debe mantener una luz eterna en el Beit Hamikdash, un candelabro de 7 brazos.
Claramente, el número hace alusión a la creación, cada luz representa un día, y Aaron tiene el privilegio, el honor, y la responsabilidad de mantener esa luz encendida.
Habló Adon-ai a Moshé diciendo:
«Habla a Aharón y habrás de decirle: ¡Cuando hayas de encender! las lámparas, hacia el frente del candelabro habrán de alumbrar, las siete lámparas». Hizo así Aharón: hacia el frente del candelabro encendió sus lámparas, como había prescripto Adon-ai a Moshé. Y así había sido hecho el candelabro: un bloque de oro macizo batido, desde su base hasta su flor, un solo bloque batido, era. Según la visión que había hecho ver Adon-ai a Moshé, así hizo él el candelabro.
Es muy significativo que la parashá comienza bien arriba, con Aaron ascendiendo a cumplir con una mitzvá y termina con un descenso.
Habló Miriám y Aharón contra Moshé por causa de la mujer kushita que había tomado, -ya que una mujer kushita él había desposado-.Dijeron: «¿Acaso solamente con Moshé ha hablado Adonai? ¡Ciertamente también con nosotros ha hablado!» y lo escuchó Adon-ai. Mas el hombre Moshé era muy modesto, más que todo hombre que hay sobre la faz de la tierra.
¿Cuál es este descenso? Utilizar la facultad de hablar, que es una facultad superior, con fines bajos.
Los comentaristas discuten el porqué del enojo posterior.
Si por el Lashon Hará sobre la pareja de Moshé, o sobre la disputa de su liderazgo.
En todo caso, ambos motivos eran incorrectos.
Tal vez, la pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué la Torá nos relata, con diferencia de pocos capítulos, un momento de luz y un momento de oscuridad, un momento sublime y un momento de confusión, un momento noble y un momento de equívoco?
Aaron es un ser humano, Moshé y Miriam también lo son, y la Torá los describe como tal, con sus tareas, con sus logros, y también con sus errores, sus pasiones y sus valores.
Si la Torá solamente nos hablara de personas santas o personas perfectas, no nos identificaríamos con ellos, y dejaríamos de lado nuestras responsabilidades, en función de un standard ficticio.
Aaron es el encargado de traer luz al mundo, al Beit Hamikdash, tanto físico, como al interior, al alma, aun no siendo una persona perfecta.
La Torá habla de la santidad como un proyecto en proceso, como un anhelo constante de crecimiento. Así proclama Kedoshim Tihu, santos seréis, nunca como un estado logrado de una vez para siempre.
Te invito a pensar en uno de esos momentos de elevación en la vida, uno de esos momentos luminosos que, aunque tal vez duren un ratito, nos acompañan toda la vida.
Shabat Shalom
Rab Alejandro S. Bloch
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